Alfabetización científica en la docencia

Alfabetización científica en la docencia



El conocimiento del mundo que nos rodea, de sus dinámicas, de su funcionamiento, de su historia, concienciarnos de la importancia de su conservación y comprender la importancia de tener un amplio conocimiento de nuestro planeta para poder no solo actuar en consonancia con el mismo, sino también para realizar predicciones y para dar respuesta a muchas de las demandas del siglo XXI, debería ser una prioridad en la educación secundaria obligatoria.

Sin embargo, el sistema educativo español se ha desentendido de la importancia de las ciencias de la Tierra y propone unos conocimientos desvinculados de la vida cotidiana y desestructurados (Pedrinaci, E et al. 2013). Sistema educativo que se muestra incapaz de dar una solución a la necesidad de crear alumnos comprometidos y capaces de comprender las ciencias que estudian nuestro planeta y su importancia. Un sistema educativo incapaz de ofrecer una educación significativa y que crea alumnos que llegan a considerar estas enseñanzas como irrelevantes por no ver la conexión de lo que se les enseña con el mundo que les rodea.

Para conseguir un currículo adaptado a estas necesidades tan presentes en el presente, necesitamos un currículo que no se centre en el volumen de conocimiento que puede reproducir el alumno, sino en el modo en el que los relaciona, utiliza o aplica, para el análisis y resolución de problemas. Es su mayor o menor capacidad para manejar adecuadamente la información lo que hace a una persona experta en una disciplina. (Pedrinaci, E. 2013). Un currículo, por otro lado, elaborado por la sociedad científica al que no ponga trabas la esfera política.

Con el objetivo de crear estudiantes que aprendan a aprender, estudiantes partícipes de su propio aprendizaje, capaces de resolver problemas mediante los conocimientos adquiridos, con el objetivo de proporcionar una educación significativa, surgieron las competencias. Atendiendo a la competencia científica, la que nos ocupa en este análisis, hace referencia a “la capacidad para utilizar el conocimiento científico, identificar preguntas y extraer conclusiones basadas en pruebas para entender y poder tomar decisiones sobre el mundo natural y los cambios que la actividad humana ha provoca do en él” (OCDE, 2003).

Sin embargo, si bien el concepto competencia se adapta al objetivo de la educación científica, los currículos elaborados en base a la adquisición de estas competencias científicas, no han entendido bien el objetivo de las misas y se han introducido como un componente curricular más manteniendo los tradicionales objetivos, los contenidos y las metodologías.

Se hace necesario un cambio de paradigma, una reestructuración del currículo que cree alumnas alfabetizadas en Ciencias de la Tierra. Que entiendan la importancia del mundo que nos rodea y su conservación, que entiendan su funcionamiento, que comprendan lo extremadamente importante que es el conocimiento del mismo para poder ayudar a conservarlo y para poder elaborar predicciones en base al conocimiento científico. Un currículo que cree a alumnas competentes con una cultura científica que las haga autónomas a la hora de elegir las opciones que se presentan a diario. Que sean capaces de implicarse en debates públicos relacionados con la ciencia y la tecnología. Que puedan preguntar, hallar o dar respuesta a cuestiones científicas. Que puedan describir, explicar o predecir fenómenos naturales. Que sean capaces de leer artículos sobre ciencia y puedan participar en debates sociales sobre la validez de sus conclusiones. Que identifiquen los temas científicos que determinan las decisiones políticas y expresen posiciones informadas científica y tecnológicamente. Que sean capaces de valorar la calidad de la información científica basándose en la fuente de la que procede y los métodos utilizados para generarla. Que sean capaces de valorar los argumentos que se derivan de los hechos establecidos y llegar a conclusiones. (Bybee, 1997).




El reto de la alfabetización científica es que el alumnado se considere una parte activa y relacionada con el mundo natural que le rodea. Que actúe pensando en las consecuencias de sus actos sobre el medio natural.

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